“Un caballero en Moscú” El regreso de la Novela. Amor Towles.

Tenía Un Caballero en Moscú de Amor Towles en la Torre de lecturas hará un año. La pedí a mi librería un poco por intuición pero al ver el libro pensé sinceramente , “vaya tocho”. Cuatrocientas páginas sobre el Conde Rostov. A veces soy así de tonta, sí.

Hace unos días, algo cansada de picoteos y sin muchas ganas de seguir con libros “de fondo” que voy leyendo poco a poco, la cogí con cierta prevención.

Hora y media después llevaba casi cien páginas.

Un caballero en Moscú es una Novela. Y cuando digo esto me refiero a que es una historia de ficción que podría haber sucedido, con los ingredientes clásicos de las novelas… “de antes”.

¡Qué alegría,  por dios!

 

La novela cuenta la historia del conde Rostov, sí, un arrestado en domicilio, en este caso en un hotel que él frecuenta, por haber escrito en la Rusia de la Revolución un poema en teoría contra revolucionario. Le conmutan la pena de muerte por el arresto de por vida. Es decir, en el momento en que ponga un pie “en la calle” será detenido y ejecutado.

 

Con esta trama, Towles arma una novela que es una obra maestra. De psicología humana, de ternura, de humor, de ironía, de aventura, de giros repentinos que sin embargo casan perfectamente con el propio devenir de la trama, en un lenguaje que la traductora ha conseguido hacernos no pensar en la traducción sino en el conde Rostov, sus personajes de hotel, sus visitantes, sus amores, sus intrigas, el paisaje que ve, las conversaciones que escucha. Pasan casi tres décadas bajo la mirada del conde Rostov; pasa su vida también, no exenta de avatares, pasan sus estados de ánimo, pasa en fin toda una época, en la que también como presencia al principio latente y a mediados de la novela evidente aparece la política, las intrigas, en las que él también- no voy a desvelar nada- se ve en cierta forma envuelto.

Towles consigue una narración muy ágil, reposada cuando debe y ligera o rápida cuando lo piden las circunstancias, consigue que alguien como yo que no se entusiasma con muchas novelas sienta una pena infinita cuando esta se termina. Consigue que una-yo- diga al cerrar el libro; “genial, pero quiero saber qué pasó después”, “después tiene que seguir el conde Rostov contando; sus lectores no nos podemos quedar así”. Y no, la novela no es de final “abierto”, sino cerrado. Pero admite una continuación…

Después me doy cuenta de que esto es lo mejor que ha podido transmitir un novelista: hacer un personaje parte de nuestras vidas.

Léanla. Es una gozada.  Y ya comprendo que esta reseña transmite una visión subjetiva, pero caramba: ¡Ya era hora de leer una Novela!

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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