Margarit. Un faro en la niebla de los días. Premio Cervantes.

Conocí  a Joan Margarit una tarde  en la que llovía tan peligrosamente que el único refugio era la Poesía.  Lo conocí a través de una persona de la que he olvidado conscientemente el nombre y que parecía asediarle con una presencia omnipresente, de la que él, con mucha educación, se zafó muy pronto.

Estábamos creo en Alberti y después de la lectura, tan emotiva, tan de corazón, me acerqué a que me firmara. Al tenderle el libro, me miró.

Tiene unos ojos que miran «mes lluny», más lejos de lo que se ve a simple vista. Tiene Margarit una mirada que entiende. Que se asienta y sabe sin decir que lo sabe. Te ha gustado, dijo y le respondí yo también mirando a los ojos y más lejos “me ha conmovido”. Me preguntó mi Nombre. Y entonces le respondí, es que mi nombre no es mi nombre, y acentué el último “mí”. Dime Tu Nombre, acentuó él.

Alena.

Y escribió una dedicatoria “Para Alena, que tiene su Nombre”.

Llovía menos cuando salí a la calle. Mucho menos.

De entonces es mi conocerlo en persona. De mucho antes leerlo. Eso me viene de lejos. Nunca estuvo lejos sin embargo, parafraseándolo. Ya con veinte años en la librería Blanquerna se podía encontrar la obra de Margarit: cuando en Madrid lee en catalán era casi como ahora, sinónimo de persona peligrosa.

De entonces a hoy he crecido con sus estaciones de tren, sus andenes tristes, sus mujeres de luto, sus exilios interiores y exteriores, sus ausencias, sus vidas que buscan en la noche alguna manera de esperanza.  Su dolor en la muerte de los otros. Su compasión infinita y su misericordia verdadera hacia quien sufre. No la impostada sino esa que acerca el corazón a otro para latir juntos.

 

Después he visto a Margarit en diferentes presentaciones. En una de ellas al acabar me preguntó sonriendo si mi nombre seguía acompañándome. Sí, le dije, y sonreímos los dos.

Margarit honra el Premio Cervantes. Lo prestigia. Pocas veces he leído una poesía y una prosa- no hay que olvidar su tomo de memorias, puro deleite,  tan sencilla en su profundidad, tan expresiva en sus silencios, tan honda, tan generosa en el lenguaje.

 

Hace mucho frío hoy y anuncian nieve. Sobre ella, sobre la lluvia, sobre los corazones que necesitan una voz que acompañe, se alza la Palabra de Margarit. Como un faro en la niebla, o cerca de la Estació de Francia.

 

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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