Horvath. La conciencia moral. “Juventud sin Dios”.

Terminé ayer de madrugada, Juventud sin Dios de  Odon Von Horvath.

 

Horvath fue un escritor austriaco que murió en 1938 porque en una tormenta le cayó una rama en  la cabeza, en París , donde se había refugiado huyendo de los nazis. Hay muertes absurdas que me recuerdan la leyenda de Samarcanda.

Empecé el libro con bastantes precauciones.  Es decir, el tema me interesa: el clima nazi que se está ya gestando antes de la guerra, pero al leer las primeras frases, mal leí. Pensé que era una mera autobiografía testimonial. Lo dejé y al cabo de los meses, antes de ayer, lo retomé. Para decirlo con claridad: a los testimonios les pido Grandeza. Pienso en Primo Levi, por ejemplo.

 

Bien. Me equivoqué. El libro es testimonio, naturalmente, de un tiempo determinado, situando el foco de “sombra», es decir, el horror, en lo habitual. En este caso en la figura de un maestro de escuela que se hace cargo de sus alumnos en una acampada al aire libre.

 

Y es mucho más que eso. No solo  vamos a leer los debates interiores del protagonista- ya desde las escenas escolares y el episodio de “los negros”-, ante la sucesiva conciencia del Mal , sino a su sentido de culpabilidad  al permitirlo.

 

Centrado en una tragedia- un asesinato en el campamento, que tiene unos antecedentes ominosos y unas consecuencias imprevisibles-, antes y después de ella, Horvath desarrolla  una tipología psicológica de la Alemania Nazi: los que cierran los ojos, los que dudan- la figura del sacerdote es magistral-, los convencidos de su propio  fanatismo: alumnos acusadores, chivatos encubiertos bajo el pretexto del “obrar bien y obedecer las leyes”- y el Bien se entiende como El Nuevo Orden, naturalmente-, los “clandestinos”: los alumnos que por una situación en clase optan sin decirlo expresamente por respetar al maestro  y después ayudarle salvando el miedo, y el propio protagonista que, rechaza el mundo de locura  en el que vive  y, a la vez se debate entre salvarse él mismo  o  implicarse con la verdad y la justicia.

 

El libro, por tanto es una metáfora ética : de un suceso concreto y de un momento histórico concreto se llega a la reflexión general: ¿Hasta dónde  soy culpable del Mal si no me implico por evitarlo?

 

En un estilo conciso, seco, lacónico pero también lleno de simbolismo: la noche, la luna ocultando o haciendo “ver”, el bosque como “selva”, Horvath  escribe una excelente novela,  que deberíamos leer en estos tiempos oscuros. Porque los signos de la selva siguen ahí.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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