Nadia Boulanger, la ética y el arte. Las entrevistas con Monsaingeon.

Cuando Nadia Boulanger está a punto de morir fue a visitarla Bernstein. Pudo estar con ella una hora-le pidió que no se marchara a pesar de que casi no podía hablar- y él la preguntó “¿Oye usted música?”, ella contestó que “todo el rato» y él insistió pensando en los grandes compositores : “¿Qué oye en este momento?”, y ella contestó : “ una música sin comienzo ni fin”.

 

Creo que no hay mejor forma de hacer esta reseña que con las palabras de ella misma porque a través de este libro es lo que podemos descubrir de ella. Que su vida fue una Música sin comienzo ni fin.

 

Bruno Monsaingeon  es un escritor honesto. En este libro titulado “Mademoiselle” y subtitulado “conversaciones con Nadia Boulanger” explica en el prólogo que ha procedido siguiendo las charlas en grabadora que tuvo con la artista y un documental que hizo sobre ella. Explica que ha ordenado esas conversaciones de forma comprensible y articulada y que solo ha intervenido introduciendo sus preguntas para dar una continuidad a las expresiones de Nadia. Que no ha intervenido imaginando lo que no sabe y que ha ordenado los capítulos para mejor entendimiento del lector.

Y todo eso ha dado lugar a un maravilloso libro en el que de forma absolutamente natural vemos el pensamiento de esta directora de orquesta, pianista y maestra de músicos durante años.

 

Leyéndola, por cierto en una traducción excepcional-porque no pensamos nunca que es una traducción sino que nos mete en el pensamiento de Boulanger-, alcanzamos algo muy difícil hoy en día.

Alcanzamos a ver cómo la música cuando se concibe como aprender para dar, entusiasmarse para ser, desear para alcanzar el sentido último de la música, no es sino un propósito ético además de artístico.

En las manifestaciones de Nadia continuamente leemos el respeto al alumno, el estímulo pero además la exigencia. Como cuenta que le decía su madre: “¿has dado todo lo que podías dar?”. Ese ejemplo ético se ahonda en sus razonamientos sobre el sentido de la creación, que para ella debe partir de un sentimiento verdadero, autentico, o con sus propias palabras: del “interés, la curiosidad y el entusiasmo” : “ Toda persona que actúe sin sentir interés por lo que hace, malogra su vida”, añade.

 

Esto lleva aparejado naturalmente un respeto casi místico hacia la Obra. Nadia Boulanger era creyente, y aquí, en sus respuestas se advierte una “consagración” a lo que en el fondo fue su verdadera religión, la música.

 

No es posible en una reseña pormenorizar acerca de sus experiencias con alumnos, sus relaciones con directores de orquesta, sus charlas en su casa sobre arte, sus opiniones sobre Schubert, Mozart, sus programas trimestrales de enseñanza, su valoración de la música antigua, su interés por la nueva música que estaba naciendo cuando Monsaingeon la entrevista. Son respuestas o reflexiones a menudo llenas también de humor, en un tono natural y llano, y siempre con una impresión ofrecida a quien lee de modestia personal, de humildad. Por ejemplo es curioso cuando dice que sabe cuándo está frente a una Obra Maestra pero que no sabe definirla.

 

Este libro pienso que no solo debería interesar a los aficionados a la música, sino también a quienes busquen “modelos”, eso que hoy no existe aparentemente, de vida; o si lo prefieren, a quienes busquen formas de unir la Ética con el Arte. Y yo se lo recomiendo de corazón.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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