Marian Engel. Las metáforas de la libertad.» Oso».

El libro que vengo a comentar ya tuvo su momento de gloria, por decirlo así, cuando se publicó por Impedimenta hace cuatro años.  Sucede que, como saben quienes se acercan a este blog, yo leo  de otra manera. El libro lo compré sabiendo que tendría un largo tiempo de reposo; es un libro que no tenía ese arrebato para mí que tienen otros: quería tenerlo y sabía que lo leería pero sin la menor prisa.

Ahora le ha llegado el turno quizá porque estoy en una etapa en la que leo algunos libros  con el tema de la naturaleza por escenario. Unos me gustan mucho y otros me desapasionan a la mitad, como el de Burroughs, al que he dejado de leer definitivamente.

 

Oso, de Marian Engel me ha agradado.  Tiene una doble vertiente este libro porque siendo como es un viaje interior de aprendizaje en comunión con la naturaleza y sirve a la protagonista de liberación personal, de encuentro de un sentido nuevo a la existencia, plantea un tema inquietante como es el de la zoofilia. Lou,  que trabaja en un instituto vagamente burocrático y vagamente irreal, de archivera y documentalista, aunque tampoco se aclara mucho- es un pretexto para el comienzo narrativo- recibe el encargo de trasladarse a un islote para recibir e inventariar el legado que ha donado a dicha institución una cierta señora Cary.  Una casa llena de objetos antiguos y libros más antiguos aún y a primera vista sin mucho interés.

Este es el pretexto de la novelista para contarnos la relación íntima y sexual que mantendrá allí con un oso, el único habitante de la isla.  Dicho así suena inquietante. Sin embargo en la narración, la llegada de esa situación a la vida de Lou, es perfectamente creíble. El Oso representa en mi criterio esa vuelta a lo primigenio, no contaminado, de la vida. El factor animal que poseemos en tanto especie, sin atender a los rasgos de civilización y normas adquiridas.

 

La novela funciona bien. El lenguaje no solo es directo y sencillo, sino a menudo poético; también en ocasiones inquietante, gradualmente inquietante podríamos decir: pero la tensión narrativa se diluye justo cuando Lou se encuentra a sí misma. A partir de ese instante la novela es un regreso pero renovado, más libre pero también más aceptador de la propia existencia.

 

Quizá una metáfora que nos explica que reconocer nuestra animalidad nos reencuentra valores perdidos pero que reconocernos humanos nos da la capacidad de ser libres.

 

Una novela por tanto interesante.

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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