Gustavo Faverón. Perder el paso. «Vivir abajo». Libros Inacabados.

Gustavo Faverón suele decir en sus entrevistas que escribió el primer borrador de su novela Vivir abajo, en tres meses, que tenía mil y pico páginas y que tuvo que acortarla.

En mi criterio no ha usado convenientemente las tijeras.

La novela es una desmesura verbal, que cuenta la historia de George Bennett y su padre. Este es un torturador en la época de las dictaduras latinoamericanas y el hijo dedica su vida a vengar los crímenes de su padre agobiado por el sentimiento de culpa y lleno del mismo mal que su padre: la locura. Esta locura, piedra angular de la novela que la atraviesa y la delimita, lleva a los personajes principales y los secundarios a transitar por un mundo surrealista, onírico, de ensoñaciones, donde las historias nunca son lo que parecen y en las que siempre parece que hay algo más que contar.

Y yo he dejado de leerla en la página trescientas. Razones:

Creo que la novela abusa de la digresión, de la colateralidad que no añade sino que desorienta al lector, haciéndole perder el hilo de lo que lee. Creo que el lenguaje no está al servicio de la novela sino ésta al servicio del lenguaje: los pensamientos y reflexiones de los personajes de la novela no son “de ese personaje”, sino de Faverón que les hace que “hablen así”. No hay distinción lingüística alguna entre personajes y autor. De modo que los personajes “sirven “a un “discurso” previo y no a la inversa. No respiran ellos, respira el escritor.  Creo que el afán de mostrar ramificaciones al núcleo de la historia hace que esta se diluya. Por ejemplo en la segunda parte la locura de la protagonista diluye completamente las acciones del hijo de Bennett. Creo que se quiere abarcar tanto, en temas, en relaciones personales, en acciones puntuales- en las que muchas veces no se añade nada significativo a la novela, sino datos accesorios y prescindibles- que se pierde el paso.

Y el “paso” es necesariamente al menos en mi criterio, algo que hay que mantener en narrativa. Porque si no, como en Vivir Abajo, podemos despeñarnos en un abismo de juegos verbales, elegancias sonoras, frases redundantes y enumerativas, que no aportan calidad al texto.

Por estas razones en la página trescientas, dejo el libro inacabado y pienso que, quizá a Faverón le podrían haber dicho ese refrán tan español: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
Esta entrada fue publicada en Libros Inacabados. Guarda el enlace permanente.