Territorio común. Thomas Wolfe

Llevo tres cuentos de Thomas Wolfe. Son cuentos largos. Densos.

Llenos de reflexiones y digresiones. Me pregunto si “son” cuentos. El caso es que da igual porque la Literatura de Wolfe pasa por encima de categorías. Es esa literatura de principios del siglo XX que no escribía para seguir una moda sino para contar algo. Ese algo podían ser “hechos” o formas de acercarse a los hechos en los que a menudo el narrador se implicaba. Esa forma de escribir que vio llegar la guerra del 45 o la presintió pero no la vivió, o solo parte de ella.
Y es una manera de contar que a mi modo de ver tiene raíces comunes. Wolfe en algún cuento me recordó a Proust, en otro a Bernhard, con las frases reiterativas abriéndose en arco, desplegándose y cerrándose después para regresar al punto de origen.
Esa raíz es la memoria. Wolfe- de momento- me cuenta recordando. Y lo hace en el tono elegiaco pero no almibarado con el que puede recordar años después Herman Hesse o Hamsun.

Es posible que muchos críticos literarios que saben mucho más que yo opinen que estoy escribiendo una blasfemia si digo que Wolfe me está pareciendo un magnífico escritor “europeo”. Su descripción de la llegada de la primavera por ejemplo me recuerda páginas de Frederí Mistral; un autor de la Provenza francesa hoy injustamente olvidado.

  • Seguiré con él. Lo voy leyendo despacio como conviene a su morosidad. Lo alterno con otras lecturas, pero ya con solo cien páginas puedo recomendar el libro.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Territorio común. Thomas Wolfe

  1. Miguel Mora dijo:

    Me permito introducir aquí una noticia, ajena por lo tanto al comentario. Ha fallecido, hace unos días, en París Maria Cugat ( Maririu). Lo hago porque creo que lectores de esta Bitácora ( y por supuesto la propia Alena Collar ) la recordarán como participante , hace ya bastantes años, en los blogs de Basset y Juan Cruz en ” El País” y creo que también aquí o , al menos, en aquella lejana ” Tertulia del Café” que dirigía la propia Alena. Algunos iniciamos a través de aquellos blogs ( que recuerdo en muchos casos como magníficos ) una relación de amistad. Es el caso nuestro ( mío y de mi pareja ) con María, a quién visitamos tantas veces en París. Ella nos enseñó un París y sobre todo un Montmartre – en dónde residía- distinto. Sirvan estas palabras de noticia ( pésima ) para muchas personas que la conocían. También de modesto homenaje.

    gracias.

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  2. alenar dijo:

    Recuerdo a María Cugat con afecto. DEP.

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