Reflexionando con Ida Vitale

Llevo un buen rato leyendo a Ida Vitale. Cómo me gusta Ida Vitale aunque escriba de algunos autores que no me seducen nada. Pero su punta de vista siempre tiene una lucidez que abre puertas a cosas que yo no sabía, o no había pensado de esos mismos autores. Entre medias, o, mejor dicho, entre líneas, se nota cuándo Vitale no termina de convencerse de la escritura de determinado autor o autora. Lo hace con tal suavidad que ni el autor/a podría molestarse.

 

Pensaba leyéndola cómo se ven los escritos de mucha gente luego de pasado un tiempo; en su momento pueden tener ninguna aceptación y luego “renacer”, o al revés, pasar de un interés extremo a ser completamente olvidados. Por ejemplo, ella escribe-y con elogio- de Felisberto Hernández, del que hace unos años se hizo una reedición; sin embargo, en su vida no fue un autor al que estimaran demasiado.  Yo, simplemente he leído sobre él, a él no lo he leído. Y, aunque ella lo elogia, por el modo de escribir sobre él a mí me da bastante “reparo” meterme a leerlo: a la vez, ahora parece estar de moda en ciertos círculos intelectuales; esos que yo no frecuento. Y al revés: me ha hecho desear leer a Juan Rulfo, al que sin duda no leí como debía, -ya conté por qué,  de joven.

Es curiosa la literatura: la manera de verla según la época, el modo de acercarse según-también- las “modas”. ¿Quién leería hoy a -por poner un ejemplo- Rubén Darío con el fervor que suscitó en las vanguardias de primeros del XX?…

Termino pensando que lo bueno de estos libros, como el de Ida Vitale, es que te llevan más allá del propio libro y te hacen pensar en otros, asociar, relacionar e incluso remodelar una opinión o repensar una forma de ver a alguien. Eso es lo que tienen los buenos libros: que van más lejos de ellos  mismos.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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