Heine con una sonrisa

Leer a Heine sin haber leído nada suyo antes de ahora, aparte de dar a conocer mi ignorancia lectora- sé quién es, naturalmente, pero nunca le había leído- es también una experiencia curiosa.

Me he acercado estos días a sus memorias y diario, editado por Alba en el dos mil seis. Un libro antiguo que compré hará dos años pero que se quedó ahí. De esos libros que te apetece tener, pero no te corren la menor prisa.

Una se acerca “virgen” por tanto a este alemán, y la divierte.

Es raro, sí, que de una persona al parecer tan “seria” yo diga que me “divierte”. Pero es así. El libro, la primera parte, las confesiones, es un tanto juicio a posteriori de sus actos, como abierta burla de la filosofía de su tiempo, y de sí mismo.  Heine se ríe. Pasa por distintas etapas de ateísmo, fe, dudas, etc., pasa por admiraciones y desencantos, se llama a sí mismo pedante y creído, y pone en solfa casi todo bajo la apariencia de un estilo serio que no es tal.

No le haré una reseña al uso, solo este comentario que hago ahora; me divierte Heine; me aburre la filosofía, cuando se lanza a refutar afirmaciones es un coñazo, pero es divertido leer cómo lo hace.

Una persona tan “respetable” que me hace sonreír, merece la pena. A pesar de lo que hoy llamarían misoginia, y que enfadaría a más de una-incluida yo a veces- pero incluso ahí se permite el lujo de hacer ·salvedades”; a pesar de sus diatribas o precisamente por ellas hacia lo que él considera “masa ignorante”, que, nos puede joder mucho la expresión, pero que hay que reconocer que cuando se habla de la “masa” en general lleva razón, a pesar de todo eso, me divierte Heine.

Léanlo.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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