«Años de hotel». Joseph Roth en la Europa que acaba.

El año pasado publicó Acantilado y yo lo compré nada más salir Años de hotel, de Joseph Roth. Son las crónicas viajeras que este escritor escribió entre 1921 y 1933.

Está el libro separado en bloques que enmarcan distintos aspectos de la narrativa periodística del autor. Todas ellas son magníficas, pero yo quisiera señalar aquí sobre todo al Roth descriptor, al Roth que aboceta; tiene un bloque titulado así “bocetos”, que es magnífico: la visualización fotográfica de personas a menudo desconocidas, de paisajes y de atmósferas, es la de un pintor.  Otros textos en diferentes apartados también son magníficos, por ejemplo “el paraguas”, correspondiente al primer bloque denominado genéricamente “Alemania”. La tercera, cuarta y quinta parte dedicadas a Austria, Rusia y Albania, son más políticas, más reivindicativas y más irónicas.  Es un Roth más enganchado a la actualidad y menos a la atemporalidad: y en mi criterio, sin perder gramo de calidad sí pierde también lo que a mi parecer le distingue como escritor: su atemporalidad. Interesantes naturalmente en lo que significa pasado el tiempo lo que de profética tuvo su mirada sobre la URSS y sobre los inicios del nazismo alemán. A veces estremece pensarlo. Ya en 1921 avisa sobre estos dos cánceres: la uniformización de la URSS y la represión militarista del nazismo.

Vuelve Roth a su esencia en los bloques “ hoteles”, con maravillosas descripciones no solo de personajes- la figura del conserje es de enmarcar-, sino de ambientes- el hotel como categoría animada, como “ser viviente”., “los placeres y las penas”, bloque con escritos absolutamente deliciosos y entrañables, como “concierto en el Volksgarten, o irónicos y divertidos como “romanticismo del viaje”, en el que hay una coda encantadora , que aconsejo leer cuando no se moleste a los vecinos; por las risas.

La octava parte y los dos últimos textos son también textos llenos del magnetismo de Roth como articulista descriptor: aconsejaría leer “ El Tercer Reich, filial del infierno en la tierra”: hay que tener el coraje de la dignidad para escribir ese texto en 1934. Y creo que además es un aviso que nos vendría muy bien tener en cuenta. Sin embargo, de esta parte final yo me quedaría con un escrito bellísimo: lleno de ternura, recogimiento, belleza interior, me refiero a “licencia en Yablonovka”.  Una navidad en mitad de la guerra, en una ciudad perdida.

Para terminar: hay que agradecer a Acantilado Editorial el cuidado en la traducción, el respeto a las palabras, la forma de tratar los textos.  La traducción es de Miguel Sáenz, y yo “no he leído “ a Miguel Sáenz, sino a Roth. Puede estar orgulloso.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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