Vernon Lee una viajera atípica.

He leído estos días de Vernon Lee, la viajera sentimental. Editado por Abada editores.

He ido tomando notas de este libro que recoge sus experiencias viajeras a través de diversos países de Europa y que ella publicó en 1908.

Me gusta tomar notas de los libros que leo; es decir; cuando tomo notas es que el libro a mí me interesa. Y este lo ha hecho. Busca Vernon Lee en sus crónicas lo que llama apropiarse del “espíritu del lugar”. Pero nos aclara, no en el sentido pintoresco o en el sentido de aquello tópico que advierte el turista común, sino en el sentido de lo que en su propia sensación de viajera cobra significado como “alma”, como aquello que le llena espiritualmente.

Claro que Vernon Lee perteneció a una época de viajes, de gran Tour, y así siguiendo, solo que ella no lo tomó así. A ella-nos lo dice- no le “gusta viajar” propiamente: lo que le gusta es sentir el lugar, que la ciudad, la aldea, el pueblo, le transmita algo y que eso de algún modo la transforme.

Por eso no son crónicas típicas, ni una guía, y mucho menos un elogio desmedido a los países y ciudades que visita: al contrario: a menudo es muy crítica- llega a decir, por ejemplo , de la ciudad de Goslar que es “espeluznante”, por la mezcla de lo macabro y artificial del sitio-.

Por eso pasa casi como de puntillas por lo edulcorado de ciudades alemanas y encuentra sin embargo ese espíritu del lugar en la casita de campo donde Goethe se recogía, o de Villa Igno en Italia, en la que encuentra “tiempo para todo lo necesario, no para ensoñaciones decadentes, sino para, como he dicho, pensamientos serios y serenos, que resumen las reflexiones anteriores y son casi estados de ánimo”.

Para Vernon Lee, el pensamiento sereno, la sobriedad de los lugares, la intimidad de ellos es lo que les da alma. Por eso narra la diferencia entre catedrales ampulosas y viejas iglesias que nadie visita y se queda con ellas, o con algún detalle desapercibido de estas.

Parecería por lo que llevo dicho que este es un libro muy serio, y no. Es un libro muy poético, muy lírico, pero con también un sentido del humor y la ironía que nos lleva en muchos capítulos a la sonrisa e incluso a la carcajada. Simplemente hay que leer el artículo dedicado a “las brujas de Friburgo” y su descripción de la tormenta -que las coge de improviso a ella y a su amiga por pura cabezonería de ver un puente y un río-, o leer sus indirectas a lo que ya entonces llamaba “sociedad capitalista”, para entender que Vernon Lee pudo ser una viajera sentimental, pero que el buen humor y el sentido de la crítica no lo perdió nunca.

Me gustaría recomendar este libro. Es un libro sereno. Un libro elegante. Sobrio. Irónico. Bien humorado. Y nos hace pensar.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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