La Belleza sonora de Perse y el conjunto vacío



En traducción -que no he usado- de Juan Carlos Mestre y Alexandra Domínguez, se publica la obra poética completa de Saint John Perse.


No he usado la traducción porque el prólogo de ambos ya era lo suficientemente pedante y , por decirlo finamente, engolado, que me temí lo peor. Mi francés llega lo suficiente para leer, entender y asimilar, aunque me falte vocabulario: pero eso con un buen diccionario se solventa.
Y al menos he leído lo que decía Perse y no lo que le inventan que dice.
Y aquí llegamos – o llego yo- al problema. Perse tiene tres temas fundamentales en su obra: la nostalgia de su infancia y los paisajes de su niñez, la contraposición de la tierra virgen y el artificio de lo mundano y, por último el deseo notorio de convertirse en amonestador público: invocaciones, exclamaciones,  epítetos lanzados al “mundo”.
Perse tiene un montón de frases bellas, sí, de descripciones ornamentales de paisajes, sí.
Pero todo eso es un conjunto vacío. En él es más importante la sonoridad de la frase, el ritmo, la repetición de palabras, que la idea.
Y leer su obra es leer un brillante juego de artificio que cansa. Que no expresa ideas sino que se arrastra en meandros sonoros.
Y por eso, exilio a Perse a la balda de mi biblioteca y no sigo leyendo.
Quizá es la época, pero creo que el tiempo de la poesía ornamental no sirve para el espíritu del que huye Perse cuando califica al Silencio de “cáncer”.
Quizá es mejor el Silencio que un conjunto de adornos léxicos vacíos. 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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