Chéjov y la cocinera. La Libertad del Silencio.

Es curioso comprobar cómo desde que escribo en este Cuaderno- A RETAZOS-  he dejado atrás la idea solapada y a veces inconsciente de  escribir “por si”, por si alguno lo lee, por lo que pueda ser de estos textos. Me gusta escribir así  . Algún escrito-como este- lo he compartido en este blog y hace días que pienso hacerlo más a menudo. Este blog en el que soy libre . Libre de no aguantar “que bonitos” y cosas parecidas. Todo eso que al texto en sí  no le aporta nada.

Siempre se escribe “porque”; lo malo es cuando se confunde el “porque” con el “para”.  Este Cuaderno habla de lo que me importa y por eso es tan dispar y tan libre. No se puede escribir ciertas cosas en lo que se llama “las redes sociales”, y esto es un elitismo mío, pero sucede que yo no tengo la menor necesidad de “likes”  y corazones. A mí lo que me importa es contar. ¿Cómo escribir por ejemplo la luz de esta tarde de noviembre ; cómo se ha ido de azul a  azul oscuro en el cielo?…o ¿ cómo escribir en esas redes donde lo que importa es el yoismo , que has visto pasear con la cabeza gacha a un señor mayor  y que, de pronto, ha dejado de ser “gente anónima” para representar una historia particular?… Y las asociaciones; todo ese cúmulo de ideas que esa visión te trae ; la cabeza agachada como si la tarde se desplomara sobre él, pensar en la soledad de los ancianos, recordar a Chéjov y su  “ es más fácil escribir sobre Sócrates que sobre una cocinera”.

Estos textos que escribo aquí, tan distintos, en los que me trae al fresco lo que se pueda opinar sobre ellos, son un refugio.  El refugio de olvidarse del corazoncito, el qué mono, el eres genial. Si el 90% de quienes me leen en esas redes que Dios confunda, supiera que, cada vez que veo ese tipo de respuestas bloquearía a quien las expresa…

Porque yo escribo para compartir algo; no para que me den palmas. No necesito admiraciones. Necesito contar. A veces, en el blog me alegra ver sesenta o setenta lecturas y ni un comentario: lo has leído, bien. Si no vas a decir algo sobre lo que he escrito, es mejor que te calles.

La libertad del Silencio.

Pero vuelvo al inicio, a lo que dice Chéjov, que es la frase que ha desencadenado este escrito.  Es mucho más difícil claro, porque para escribir sobre la cocinera , primero hay que “verla”, es decir, saber que existe, saber que tiene una vida propia , una historia que contar.  Lo que Chéjov llama lo extraordinario de lo pequeño; y escribir con naturalidad de lo pequeño de modo que interese al lector para que le apetezca saber más de la cocinera.

Si se escribe sobre “Sócrates”, basta consultar unos cuantos libros y enhebrar con cierto “estilo ameno” cien cuartillas. Hace nada, Irene Vallejo sacó un resumen de la historia del libro con un éxito enorme, que no pasa de ser un manual para colegiales aderezado con unas cuántas anécdotas. Y sin embargo a mí me gustaría que, en vez de contarme una historia que ya me sé, hubiera escrito “sobre la cocinera”, valga la metáfora.

Me hace pensar Chéjov en estas cosas. En el difícil arte de escribir sobre lo que tenemos al lado, y en cómo, en general, se evita: o porque ni lo vemos  o porque no tenemos ni repajolera idea de cómo contar con sencillez . Y entonces, escribimos “sobre Sócrates”, sobre algún escritor famoso o sobre cómo nació el libro , en vez de otorgarnos la libertad del Silencio.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Chéjov y la cocinera. La Libertad del Silencio.

  1. Marta Navarro dijo:

    Contar con sencillez. Qué difícil es eso aunque no lo parezca. Me has emocionado con la referencia al señor mayor de cabeza gacha…

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