Las razones de un “no”. Sobre Almudena Grandes.

He pensado mucho si escribir este texto y al final ha primado la libertad que siempre he tenido de decir y de pensar.  Sin esa libertad que me regalé desde muy pequeña este texto no vería la luz.

Recuerdo aún la emoción, el apasionamiento, el temblor, la sensación de iluminación que en 1994 me causó leer “ Malena es un nombre de tango”.  Hacía dos años que yo trabajaba y fue uno de esos libros que compré sin sentimiento de culpa por gastar dinero “en algo inútil”, como mucha gente me había reprochado durante años.

El libro me fascinó. Me enamoró, me pareció de una Belleza y luminosidad que hoy aún me conmueve. Leí sobre la autora, y pensé que, si lo presentaba en Madrid, en mi librería, iría a escucharla. No le llevaría el libro: yo no era ni soy mucho del “te admiro y te he leído y qué bien”; simplemente iría a escucharla.

Tuve suerte. Mucha. Porque a los pocos meses en mi librería se organizó un acto de promoción. Un encuentro. Y allí me fui.

Al llegar estaba la librería llena, muchísima gente en la calle. A mí no me conocía ni dios, naturalmente, porque yo escribía, pero para mí y para mi madre que, la pobre, se tragaba todos los engendros que yo perpetraba. Ante aquella “romería” de gente, mi amiga librera, me dijo que entrase, y me quedé un poco apartada, cerca de la puerta, pero intentando no molestar a todos aquellos que sí parecían conocerse.  Escuchaba a la gente hablar, palabras inconexas, de complicidad; pensaba “ esta gente es el mundo de la literatura”, ése al que yo nunca llegaría, naturalmente. No me daba envidia, pero sí pensaba que ellos/as no eran como yo, creo que me explico. Yo era una simple enamorada de la lectura.

Estando en esas, de pronto, se abrió la puerta-entreabierta- de golpe. De golpe seco, fuerte, restallante. La gente se quedó algo cortada. Aparecieron dos tipos de uno ochenta cada uno, y delante una señora alta, fuerte, imponente.  Se hizo un murmullo de respeto. La escritora.

Empezaba yo a sonreír, cuando escuché atronadoramente:

 

“ Quitadme de delante toda esta purrela”, y haciendo un gesto abarcador, nos señaló a todos.

 

Yo, me la quedé mirando. Fijamente. Desvió la mirada. Entonces le hice un gesto a mi librera; se acercó y le dije sencillamente: “ yo me marcho”.  Y me fui a casa. Mi madre se sorprendió al verme. Más cuando le conté porqué me había vuelto.

No seguí la carrera de Almudena. Seguí algunas declaraciones suyas que me rechinaron muchísimo: aquel “caminaremos por el camino correcto en adelante”, cuando fue ministro Gabilondo; como si solo hubiera un camino correcto y fuera el suyo. Todo esto ya lo he contado alguna vez y es sabido. Luego, con los años, decidí acercarme a otro libro suyo, “ el corazón helado”, y lo hice con “propósito de enmienda”: había llovido mucho y quizá -pensé- era hora del regreso. El libro literariamente no me gustó. Lo dije en este mismo blog. Después llegaron los años de su serie de “episodios nacionales”; de erigirse en modelo de una serie de personajes de la Cultura, entronizados y detentadores del Orden Cultural. Nada existía si no era bendecido por esta gente. A mí subjetivamente me pareció y me parece que, para Episodios, los de Galdós. No me gusta nada cuando se quiere escribir a la manera de. Uno debería escribir a su manera. Pero esto es una opinión subjetiva.

Vi a Almudena Grandes en el mismo sitio que la primera vez con ocasión de un premio a una persona que estimo. No sabía que iba a estar: también había recibido un premio. Al llegar la felicité. Creo que me reconoció, porque me dio las gracias y desvió la mirada.

No he leído más a Almudena Grandes. Cuando literariamente no me gusta alguien y cuando a esto se le une que personalmente me disgusta, dejo de seguirle.

Todo esto es conocido por aquellos que leen habitualmente mi muro en Facebook. Aquí lo cuento con la libertad que siempre he elegido para mí.

Respeto enormemente a los/las lectores de Almudena Grandes. A quienes se han sentido tristes con su pérdida.  Yo lamento siempre el fallecimiento de una persona.

Lo que no me pueden prohibir  es que diga que a mí no me interesa ni su literatura ni ella.

 

 

 

 

 

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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2 respuestas a Las razones de un “no”. Sobre Almudena Grandes.

  1. Pues me parece que es una exposición muy correcta y respetuosa de tus motivos, Alena. Personalmente, lo pocos libros que leí suyos me gustaron, todos de hace ya bastante años y tuve ocasión de ver una presentación suya en Oviedo y me gustó lo que contó y cómo lo contó.

    ¡Que siga habiendo libertad para exponer siempre desde el respeto y dejemos de autocensurarnos!
    Un saludo!

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  2. Walter Reinoso dijo:

    Estimada Alena,
    Gracias por su integridad y coherencia. Un saludo.

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