“Hubo un jardín”. La voz indiscutible de Valeria Correa.

He leído con mucho interés el libro de relatos de Valeria Correa Fiz, Hubo un jardín, publicado por Páginas de Espuma.

En su conjunto me ha parecido un excelente libro. Por varias razones que paso a exponer.

La primera porque es un conjunto de relatos que guardan entre sí un tema común y me atrevería a decir que una estructura similar. Frente a relatos dispersos, aquí encontramos relatos que, aunque parezcan distintos entre sí, mantienen un punto de fuga desde el que la realidad se torna tan intolerable para quien la relata que se ve obligado a buscar una alternativa. A veces la alternativa es una tragedia, a veces es el olvido consciente, a veces es una liberación.

La segunda porque en todos estos relatos aparece expresa o implícita la idea de un “lugar donde refugiarse”: aunque no se llegue a él. La idea de “jardín” que tiene Valeria Correa en realidad no es definible como un espacio físico sino como un lugar interior al que acudir.

La tercera idea unificadora es que es un libro en el que mayoritariamente- si bien no en todos- las mujeres relatan.  Esto parecería inocente, pero no lo es, porque hay que decir que las mujeres de Valeria “se atreven” a relatar sucesos, experiencias, miedos, sobresaltos, muertes ajenas, que, sin su relato quedarían en silencio o como simple “anécdota”.  Y es terrible que ciertas cosas queden en un anecdotario.

Pero no se queda la unificación del libro en esto.

Este libro tiene un lirismo, una poesía poética en prosa de altísima calidad. Partiendo de  asuntos nimios, Valeria Correa dota a sus personajes de magia a través de las palabras. Por ejemplo, en “El invernadero de Eiffel”, la figura de Cleo, tía de la protagonista, y de Hortensia. En el que leemos: “ los objetos me decían tantas cosas que a menudo sentía la presencia de las tías conmigo.”. O la descripción de un estado de ánimo: “ “ todo el mundo necesita un lugar para estar solo, un lugar para estar seguro”; que entronca con la idea de Jardín que atraviesa el libro.

Igual sucede en “las comisiones” , relato en el que se esconde una tragedia bajo un relato aparentemente banal y en el que el miedo es lo que dicta el silencio de la narradora; sin embargo, el intimismo lírico permanece: “ “se me suma la angustia vieja con la nueva porque mi hijito , mi madre y yo,  usted sabe, vivimos de las comisiones de este trabajo”. Aquí la anécdota deja de ser tal para llegar a ser tragedia personal, ¿Dónde refugiarse”?…

Los cuentos están llenos de reflexiones intercaladas de esta naturaleza, de atisbos de un pensamiento común en todo el libro, “ Pensar diferente, lo sé ahora, es una de las formas más profundas de la soledad”. ( en el relato “ Hotel Eden”), “la luz y la oscuridad pueden habitar un mismo pliegue” ( en el relato “ así en tu cuerpo como en el mío” ) o “ la vida es una complicidad que también incluye la devastación”, en el relato “Un amor imaginario”.

¿Qué nos queda entonces?… nos quedan los instantes de refugio, la soledad buscada, el recuerdo quizá alterado, la esperanza de un jardín, de que alguna vez realmente “hubo un jardín” y debemos encontrarlo.

Para terminar, me gustaría decir que el lenguaje de Valeria Correa es nítido, directo y a la vez sugiere. A veces lo que se omite nos dice en un párrafo más que las propias palabras, pero estas están insertadas en los cuentos sin impostura, son las que necesita el relato; y cada relato usa las suyas propias: no otras.  Igual que Valeria Correa en este libro se nos presenta con una voz propia, personal e indiscutible.

Un excelente libro que recomiendo muy sinceramente.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a “Hubo un jardín”. La voz indiscutible de Valeria Correa.

  1. Inma Blanco dijo:

    Excelente reseña Alena, me quedo con unas ganas enormes de leerlo. Me quedo con la frase: Pensar diferente, lo se ahora, es una de las formas profundas de soledad. Me he sentido muy identificada. Otro libro pendiente de leer.

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