Leer sobre la muerte: Pia Pera.

Con motivo de mi lectura de Aún no se lo he dicho a mi jardín, de Pia Pera, editado por Errata Naturae, fui anotando una serie de reflexiones que ahora comparto aquí.

El texto se compone de varios apartados que, he trasladado sin más.

  1. Aproximación a la muerte..

Se pone una a leer este libro y pienso que no lo hubiera podido leer con veinte años.  Hay libros que  solo se deben leer en la madurez-vejez.  Solo así se puede participar sin juzgar  de las reflexiones serenas delante de la muerte. Digo “sin juzgar”:  la autora era a su manera creyente, aunque no en iglesias, sí en la espiritualidad y en la vida interior, sí en el acercarte al Bien. Con veinte años,  con toda la vida delante, si no has conocido el Dolor , es difícil que este libro se lea como lo que es, y más hoy , en días en los que banalizar la muerte se nos da tan bien que hasta la retransmitimos en directo  Me deja pensando en cuánto ganamos en respeto por el pensamiento ajeno a medida que envejecemos.

Pero quiero seguir con el tema. No el del libro este en concreto, sino el tema de la muerte y cómo se trata. Estoy leyendo una serie de libros en los que lo importante no es el hecho de morir y si existe algo “después”; lo importante es cómo vivir la propia muerte.  Libros tanto de creyentes o no que, sin embargo creen en  la importancia de llegar al interior de uno mismo, de llegar a la espiritualidad de su propia vida  porque, llegando a ella, la muerte es algo natural: cumplir un ciclo.

Eso, me parece que, salvo que el dolor lo conozcas desde pequeño, solo se puede leer y asumir a una cierta edad.  Uno no nace ni crece pensando en la muerte; ni en la suya ni en la de los otros. Solo cuando nos visita , o cuando estamos realmente enfermos , es cuando pensamos en ella. Y es curiosa esa mentalidad; sobre todo europea y  en EEUU: Vivimos “como si” fuéramos inmortales.  Ha sido por ejemplo esta pandemia la que nos ha hecho ver que, la muerte que siempre pensamos que es “de otros” , estaba al lado.  Y a pesar de eso, la juventud no ha creído- en gran parte- que “fuera con ellos” directamente.

Y¿ cómo afrontamos vivir con la conciencia clara de que somos mortales?…

Sí. Es difícil.. Incluso yo, para quien la posibilidad de morirme ha planeado desde pequeña , incluso yo, que la veo como el fin de un proceso, pienso que “el proceso” está lejano.

Pero está mucho más cerca. Leer estos libros me viene muy bien. En mí, el “tránsito” SÍ es un “recogerse” en el aprendizaje , en la Belleza y en el interior.  Ese “llegar dentro de sí” que dice la autora.

II.  Las “trampas”.

Me sigue haciendo pensar este libro a pocas páginas de acabarlo. Esta vez sobre su relación con las pseudo-ciencias. Es decir. Para mi subjetividad, con todos los charlatanes y estafadores que la sacaron el dinero a cuenta de su enfermedad.  Lo terrible es que ella racionalmente no se lo cree, pero “prueba”.

Me pregunto si al acercarnos a la muerte somos tan primitivos que estamos dispuestos a agarrarnos a estas cosas. Por ejemplo: un imbécil charlatán la convence de que debe quitar el wifi y que su casa tiene “ondas electromagnéticas negativas”….

Pia Pera murió de esclerosis lateral amiotrófica. Es incurable. No hay soluciones-de momento- para ella. Podrá haber tratamiento paliativo para el dolor, pero no tiene cura. Un cerebro racional, ¿ puede perder la razón hasta el punto de creer en lo de las “ondas magnéticas?…

Por otra parte: al leerla, parece que nadie nunca le diagnosticó exactamente esto, o bien ella no lo dice o no quiere asumirlo aunque hace una referencia a Hawking esclarecedora.

Lee mucho pero a veces me da la sensación de que lee para autoafirmarse en sus sentimientos.  Como si la duda fuera un obstáculo más.  Aunque luego reconoce en muchos párrafos. “yo no creo esto”- no es literal, conste.

Deja preocupada-en mí- que el hecho de morir la lleve por ciertos sinuosos vericuetos.

Luego sí: está la dureza. Lo cotidiano de la dureza. No puede subirse o bajarse la cremallera del pantalón. Usa silla de ruedas y  se esfuerza en dar paseos con dos bastones. Llega un momento en que no puede apretar el botón de respuesta del teléfono.

Se refugia en la Belleza del jardín. Describe toda la luz. Se sigue sintiendo vivificada en ello.

III Y Final.

Terminado el libro, Pia Pera se hace metafóricamente jardín. Se inscribe en él.  Se transmuta: cuando acepta que va a morir, que ya no le queda ni la esperanza. Después de todas las dudas , llega a la conclusión final: lo malo no es morir, sino cómo se muere.

Para quien lee- al menos para mí-es un alivio cuando por fin se pone en contacto con quien realmente va a hacer algo por ella:  Un Médico de verdad, de Cuidados Paliativos.  No un grupo al que antes se había acercado y del que ella misma decía que no se cree esa felicidad impostada  del “qué bien, me voy a morir”. Llega a decir que en tal grupo cuando decide el enfermo que quiere morir “parece que todos tienen prisa para que acabe” y que ella quiere darse el lujo de decidir si primero quiere escuchar una canción. .

Por fin va a un médico. Y su aceptación final. Su ser del jardín. Una visión panteísta, si se quiere, pero mucho más acorde con su pensamiento interior

La frase, “ evitar encontrarme a un cretino en urgencias”, lo dice todo.  Se trata  de eso precisamente ; de no encontrar a un cretino  que nos quiera alargar inútilmente la vida. Porque lo importante no es morir, sino morir con dignidad.

Acerca de alenar

Alena Collar. Periodista. Escritora. Madrileña.
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Una respuesta a Leer sobre la muerte: Pia Pera.

  1. Inma Blanco dijo:

    Haces que me «pique» leer el libro, supongo que es porque también llevo un tiempo de aceptación y de acercamiento hacia la muerte. De pequeña me creía una superviviente y de hecho lo era, en un pueblecito donde diariamente morían uno o dos niños (eran los años 60) sobrevivir a la poliomielitis fue un triunfo, pero después de mi experiencia de dos años hospitalizada (entre los 9 a los 11 años) tenía un pánico horrible a morir. Y ahora muchos años después alucino de mí misma porque la miró ya como algo real y nada ajeno a mi. El vivir con una neurodegenerativa (por suerte mucho menos agresiva que una ELA) también ayuda. Ayuda a vivir cada vez más dentro de mi, a no soportar tumultos, a escucharme más y a valorar muchísimo el silencio, los momentos de paz interior (que ahora son muchos) me ha gustado leer tus reflexiones, porque como tú dices necesitamos ver pasar el tiempo, vivir determinadas circunstancias para que nos salte esa patina de «inmortalidad» y comprender que en esta vida solo somos aves de paso.

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