Selección de críticas a “El Retrato de Irene” ( Baile del Sol 2016)

Selección de críticas a El retrato de Irene. No recogidas en reseñas o blog.

Antonio Capilla Loma. Escritor. (En facebook).

“He leído ya “El retrato de Irene”. Y quiero felicitarte por esta obra en la que se pone de manifiesto tu dominio en la arquitectura del relato. Me ha gustado de veras, creo que hay mucha poesía en las descripciones y una profunda reflexión sobre el extrañamiento que provocan situaciones que paralelamente se contraponen como la guerra civil del siglo pasado en España y el golpe de estado de Pinochet. El relato va creciendo hasta llegar a su desenlace en el que adquiere la máxima intensidad en su desvelamiento”

José Julio Perlado. Periodista. (  email privado).

Me ha gustado mucho tu libro, tan lleno de matices, muy bien construido y de gran interés narrativo.

Hay un constante sobre la belleza y la atracción de los jardines, el imán y el misterio del jardín. “Olvidarme de este jardín en primavera” se dice (pag 118) y “pasear por el jardín como en un rito (291)

El jardín está al fondo de todo, a él se vuelve.

Numerosos aciertos estilísticos (pag 11) un ayer no vivido

Con muy pocas palabras se crea todo un ambiente

En muchas ocasiones, el acierto de frases cortantes (págs 28, 29, 35, 91¡ 113, 205 y 206 entre otras)

En el libro los cambios de tiempo y de enfoque enriquecen enormemente la novela, le da mucha soltura  a la lectura pero sobre todo es un acierto narrativo.

Muy interesantes las alusiones a escritores y artistas:Juan Ramón,Rusiñol   con el jardín. Toda la esencia del jardín, su observación, su filosofía. (pag 35) :. Excelentes páginas.

Muy certero el retrato de Maria Luisa (49) y Alvaro y el de Celeste (pag 40))

Muy interesante también la intriga y la novedad de la conversación  con Maria Luisa y Alvaro (pag 55)

 

Una frase que me ha gustado especialmente : “la Belleza siempre nos espera. Todos tenemos algún encuentro con la Belleza que nos está destinado”.

Esta frase resume muchas cosas de la esencia del libro.

 

( muy conseguida la conversación con Maria Luisa en el estanque del Retiro

Muy conseguido y muy gráfico  el tema de la Cruz del Sur y las estrellas

En la segunda parte vuelven a enriquecer el libro la variedad de enfoques y el contraste de voces.

Las voces en la exposición de Rafael muy bien escritas

Irene, ” una muchacha de silencio”, un gran personaje. Como el personaje de Alvaro.

Muy interesante y muy bien descrito el tema de los armarios, las llaves, el dar brillo a la plata

Muy cuidado y de gran interés narrativo el fondo de la guerra con su síntesis y escenas

Me han gustado mucho las alusiones a los pájaros, al petirrojo, etc con Santiago, el biólogo

Muy bien la documentación y ambiente de Chile

Están muy conseguidos los diálogos.

Muy interesante todo el episodio de la boda civil (págs 142 y ss)

Excelente estilo en pag.  242

 

La arquitectura del libro está muy conseguida, trenzada la trama y con momentos de intriga que sorprenden y dan más calidad literaria al libro.

 

Creo que has conseguido un libro con muchos aciertos, con mucha poesía en su fondo, y como digo al principio unas páginas llenas de matices que enriquecen esta interesante historia.

 

Mis felicidades por todo ello.

Un abrazo

José Julio

Nola Ca Lluny. Lectora.( En facebook)

Alena Collar, ayer noche acabé de leer tu novela El retrato de Irene y tengo que decirte que me ha encantado.
Es una historia que me enganchó desde el primer momento e Irene es un personaje que al poco tiempo de conocerla ya formaba parte de mi. Me encanta su personalidad, su saber estar, sus silencios…
He querido leer esta novela despacito, escogiendo cuidadosamente los momentos de lectura para que nada ni nadie pudiese interrumpirnos, para que los momentos con Irene fuesen momentos de calidad, como el tiempo que dedicas a un buen amigo o amiga.
He disfrutado cada capítulo de la historia y el final es realmente sorprendente. La lectura de la novela se ha acabado pero Irene sigue conmigo.
Has escrito una gran historia, Alena. Créetelo y sigue escribiendo así de bonito.

 

Luis García Umbón. ( vía privada).

Hola Alena he terminado  El Retrato de Irene y después de leer alguna de las críticas que se han publicado , yo que no soy escritor y que además se me da fatal, solo me atrevo a decir que me ha encantado, que me enganchó desde el principio y no he parado hasta acabarlo . Me parece una obra fantástica, que si hubiera estado firmada por alguien conocido, estaría en todos los medios como una gran novela

Marian Izaguirre. Escritora (en Facebook).

 

Marian Izaguirre escoge una frase del libro y añade su opinión sobre el núcleo de éste.

“Después el tiempo hizo lo indicado. Desdibujó cara, apaciguó gestos, trastocó fechas y palabras y Cecilia se convirtió, como tantas personas ausentes, en otra nostalgia”.

He entresacado (de la lectura de este libro de Alena Collar) el párrafo que la describe. Es eso. Una lucha contra el tiempo.”

Añade en conversación privada:

Muy bien escrita tu novela, un lenguaje cargado de frases espléndidas y de un vapor nostálgico muy conseguido Es una novela muy digna, con un gran carga de memoria familiar y mucha introspección . Objeción: la historia, la peripecia narrativa, me resulta menor que tu talento”.

Objeciones:

Me gustaría que esta novela fuera más visual. Detalles físicos, ambientación, decorados, acción de ir y coger un objeto, planos detalle… Los personajes: me gustaría que estuvieran más descritos cuando aparecen (su físico, su voz, algún gesto personal). Las voces narradoras: las dos en primera persona confunden un poco.

 

Amando Carabias. (Escritor. Comunicación por email)

Segovia, 18 de julio de 2016. Lunes. De mediodía a la puesta del sol.

Hola, querida Alena. Permíteme que te escriba en forma de carta aparte mis primeras impresiones sobre tu hermosísima y apasionante El retrato de Irene, porque no sé lo que tardaré en acabar estas líneas, y –manías de uno-, me resulta más cómodo escribirlo aquí, en este formato, me siento menos presionado que en el del correo electrónico, donde parece haber prisas por acabar.

Hoy, curiosamente (o no sé si curiosamente), cuando empiezo estas líneas es 18 de julio, o sea hace ochenta años que se inició aquella salvajada que es el detonante o marco o atmósfera que, en parte, en buena parte, recorre las cañerías internas de la novela. Quizá me haya influido leerla en estas fechas o hacerlo al tiempo que en Niza la barbarie hacía de las suyas, o en Turquía otro golpe de Estado fracasaba (¿Fracasaba? ¿Quién ha dado el golpe en verdad? ¿Contra quién iba, a favor de quién iba?).

A ver si soy capaz de ordenar un poco mis ideas.

Acabé de leer El retrato de Irene ayer, poco antes de la media noche, y lo primero que hice fue recomendársela a Marián. Ella es buena lectora, aunque a veces no me atrevo a recomendarle las cosas que yo leo, a lo mejor soy demasiado raro para sus gustos. Sin embargo tu novela… Ella suele leer novela negra. Normalmente me hace caso si alguna vez le sugiero alguna, y hasta ahora ha funcionado, quiero decir, que también le han gustado. Y es que esta novela tuya tiene tantos elementos para que cualquier lector o lectora se haga con ella y la lea…

Su primer valor, a mi modo de ver, es que se aparta de lo que generalmente se nos suele vender como literario. El retrato de Irene es una proeza de mantenerse fiel a sí mismo, es decir, en este caso, a ser tú misma, a no conceder ni un ápice a lo más habitual. En muchas páginas, sobre todo en donde ‘se transcribe’ el diario de Irene, el lenguaje poético lo ilumina todo; acaso predomine el lirismo, pero en otras ocasiones —sobre todo en la parte final, en ese capítulo donde el dolor se desborda como una catarata de arteria rota— la poesía no es lírica, tiene la intensidad próxima al existencialismo, y usa con acierto algunas técnicas del surrealismo o de otras vanguardias que han perdurado, porque debían hacerlo, porque no todo fueron fuegos artificiales entonces… Y aquí llega la primera expresión clave. Es un lenguaje poético, sí, pero sólo hay naturalidad y esencia en él. Quiero decir que nada sobra, que no se trata de un texto lleno de afectación o de cierta pedantería, como cuando a los escritores les da un ataque irreversible de escritores y se apropian de la voz de sus personajes, convirtiéndolos en marionetas más irrisorias que las de un guiñol manejado por aprendices. No es así en el caso de las páginas del diario de Irene, en ellas el lector siempre lee (escucha) a una mujer muy concreta, con un modo especialísimo de ver y afrontar la vida, que busca siempre más allá de las apariencias y casi siempre logra descubrir, o al menos intuir, lo que hay en lo más profundo; una mujer, Irene, fiel a sí misma siempre, pero que también es capaz de adaptarse a las situaciones cambiantes; es decir, alguien de personalidad firme y acusada, pero también con capacidad para evolucionar; dicho de otro modo, un ser humano de la cabeza a los pies, un ser humano cabal, no una creación literaria o artificial.

Pero lo que más me ha gustado de Irene es su mirada tan femenina, es decir, tan honda. A ver si me explico. Sinceramente pienso que la mirada de las mujeres es otra respecto de la de los varones. No valoro. No prefiguro si una es mejor que otra. En absoluto. Lo que digo es que es bien diferente, y en la mayoría de las ocasiones, prefiero la femenina, porque suele ser más honda y más totalizadora. Y en el caso de Irene, más, mucho más. Me encanta esa forma de afrontar la vida, pasando por encima de las convenciones —aunque no lo parezca— y buscando en todo y siempre la belleza: desde lo más efímero —como una flor, o una nevada— hasta lo que permanece más allá de la vida de un humano normal, como las montañas o la pintura, como las estrellas o la literatura. Pero una belleza que no tiene que ver sólo con la armonía o el equilibrio estético o formal o aparente, sino con lo más profundo. De nuevo la esencia, en este caso la esencia de la belleza. Casi, podría afirmarse, que Irene es la encarnación de una ética y estética de la belleza.

No es una novela negra, tal y como se entiende en el mundo editorial, pero la lectura de esta novela, aunque pueda parecer extraño, acaba asemejándose a la lectura de una de este género, en doble sentido, además. Primero, como en cualquier novela del género, la acucia que siente el lector por descubrir el misterio que se le oculta, como se le oculta a Álvaro, el coprotagonista del relato, digamos, el ‘detective’ que va encajando las piezas para acabar por entender el puzzle de la vida de su abuela Irene, pero, que además, también deviene en esclarecimiento del puzzle de su propia vida, no menos complicado que el de su abuela. Segundo, el retrato que se hace de la sociedad, pues siempre he mantenido que la buena novela negra contemporánea suele tener como ingrediente esencial la radiografía de la sociedad en que se producen los hechos objeto de la narración; en el caso de tu novela no sólo se retrata una sociedad, sino dos: la española y la chilena…  Bueno, algunos más: el de la España prebélica y burguesa de Madrid, el de la España ‘atropellada’ por una guerra que la mayoría no vio venir, el de la España de la Transición, el de Chile democrático, el del Chile pre-golpe de Pinochet. Esta es una de las virtudes —a mi modo de ver— más evidentes de este relato, la capacidad de ubicar al lector siempre y con las justas pinceladas, en el contexto en que se desarrollan las vidas y a la vez plantarle ante un horizonte especial, un horizonte de decisión, porque el lector, a poco sensible que sea con cuanto va leyendo, debe tomar posiciones, debe decidir qué tipos de personas, qué clase de organización social es la mejor.

Pero, evidentemente, El retrato de Irene no es una novela de género, sino una novela con todas las letras, sin más y con mayúscula. Una novela que respeta a sus personajes, siempre y en cada caso. Una novela que rezuma sensibilidad por cada uno de sus renglones, pero que huye de la sensiblería en cada letra. Una novela con una estructura formal estudiadísima y trabajadísima que —como siempre en tu obra— aparece difuminada, casi invisible: arquitectura funcional cien por cien, pero que no se oculta al catador acostumbrado: el diferente uso de los tiempos verbales, la alternancia de ‘trascripción’ de diario con el relato de hechos o páginas de diálogos. Una novela en que destaca especialmente la variación del lenguaje según sea relato, diálogo, diario, lo que la torna especialmente accesible a cualquier lector, incluso introduciendo con exactitud algunos modismos típicos chilenos. Y de nuevo en El retrato de Irene resaltar tu capacidad especialísima para pasar a la letra impresa el habla de la gente normal. No me refiero al argot o algo así, sino a la capacidad de transcribir cómo se expresan las personas cuando están de cháchara en un ambiente relajado, cuando se pasa de un tema a otro con facilidad. Es como si el lector se asomara por una rendija a conversaciones íntimas, casi como si las espiara.

Porque, y eso me parece también muy destacable, a pesar de la variedad de asuntos que trata: política, pintura, música…, todo es perfectamente asequible a cualquier lector.

En fin, novela que merece la pena leer, que alcanza al lector en su curiosidad, en su emoción, y en su sensibilidad.

Pedro Valverde Caramés. (Escritor. En Facebook).

 

Una trama compleja, muy psicológica y profunda. Un libro exigente con el lector, de esos que te reclaman una lectura atenta y centrada. Reconozco el esfuerzo que te ha debido suponer trazar esta historia tan psicológica y tan íntima. Lo sustantivo es que el libro merece ser leído y que he disfrutado con él.

 

 

María Fractal. (En Facebook).

 

He terminado tu libro hace un par de días y sólo puedo decirte que  algo de Irene se ha quedado conmigo: su mirada, su jardín y, por encima de todo, su silencio. Es el suyo un silencio poblado de ausencia y de verde belleza. Creo que eres una poeta disfrazada que sabe mirar más allá y en este caso me refiero a ti, Alena.

El petirrojo y el jardín le ayudaron a vivir, otros se buscan muletas algo más pesadas.

 

Carmen Peire. Escritora. ( Comunicación personal).

 

Lo que más me ha gustado, la segunda parte, la relación de Irene con su marido Álvaro, el dilema entre la felicidad y la capacidad de escoger o no, el amor pasional o el tranquilo que acompaña toda la vida. También, claro, para mí, hija de exiliados, pues eso, el exilio, aunque sea chileno.

Santiago P. Merlo. (En Facebook).

 

No suelo yo hacer mucho estas cosas ni siquiera con los amigos, pero acabo de leer “El retrato de Irene”, de la amiga Alena Collar y me apetecía recomendárselo a vuesas mercedes.

Les podría decir que se rememora la historia de dos países y de un solo país (el nuestro, el que cada uno sentimos como propio y que a veces no es más que un pequeño jardín). También les podría decir que es la historia de varias generaciones y de ninguna, de sentimientos que son universales (o no tanto: algunos son tan íntimos que los creemos únicos). O que es la historia de un amor, de un desamor, de muchos amores y de ninguno en concreto…

Y les puedo decir que cada personaje tiene una voz que es suya y que es nuestra: de nuestras familias, de nuestros amigos…de nosotros mismos (ay, ojalá lo fuera en algunos párrafos concretamente que rezuman poesía)…

Y aún así, no les he contado nada. Mejor la compran (está editada por Baile del Sol) y la disfrutan. Este verano, por ejemplo, que se cumplen 80 años de…

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Miguel Arranz. (En Facebook).

 

Hola Alena! Acabo de terminar de leer tu novela El Retrato de Irene y quería felicitarte por su solidez. Lo he visualizado como el cuadro que comienza a dar los primeros trazos y va tomando forma para dar con el resultado final. La psicología femenina la bordas y ahí es una ventaja que tienes con otro de mis escritores más admirados, Javier Marías donde intenta plasmar la introspección de sus personajes femeninos pero le falta ese punto que solo las buenas escritoras podéis dar. (Soy psicólogo, se me nota…) la trama va encajando y eso le hace interesante (¡cuántas novelas he leído que son como ejercicios de autoestima y no llevan a ningún lado!) pues deseas saber todo el mensaje a veces oculto de ese diario. Si hay que poner un pero habría cambiado el origen del personaje de Cecilia (¿padres músicos españoles exiliados por ejemplo?) pero por lo demás, me parece redonda. Gracias por el rato de buena lectura que me haces indagar más en tu obra. Enhorabuena

—-

 

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